Esta noche en el Camp Nou no juega el hombre que porta el alma originaria del Barcelona: Carles Puyol. Bien puede partirse el pecho para salvar dos goles cantados ante el Real Madrid como dar una asistencia a lo Xavi ante el Athletic. El capitán simboliza el orgullo y la fe de este equipo.Hace mes y medio Carles Puyol vio por primera vez en su vida una obra de teatro, M’agrada molt el que fas. El capitán del Barcelona prefiere el cine, donde descubrió la historia de 300, su película favorita, basada en el cómic de Frank Miller, donde un ejército de trescientos espartanos se enfrenta al imperio persa.
Carles Puyol nació en La Pobla de Segur, pero bien podría haberlo hecho en Esparta hace 2.490 años. Esparta era una ciudad-estado de la antigua Grecia que rivalizaba en importancia con Atenas. Desde jóvenes, los espartanos dedicaban su tiempo a prepararse para el combate militar. “Vuelve con el escudo o encima de él”, apremiaban las madres a sus hijos antes de las batallas. Algo parecido a lo que le decía Josep Puyol a su hijo Carles. “Si vuelves, que sea porque no vales, no porque no te has esforzado”, le repetía una y otra vez al ya eterno 5 del Barcelona cuando éste vivía en La Masía.
La fisonomía del capitán del Barcelona abunda aún más en esa brisa guerrera que le agita. Puyol siempre ha sabido que sus cualidades transitaban por un camino distinto al de sus compañeros de La Masía. Mientras el resto podía valerse sólo con su técnica, él siempre ha necesitado también de su corpachón y entrega. Es el Rafa Nadal del fútbol español: pelear hasta la extenuación, batallar hasta la victoria. “El punto de inconsciencia que siempre me acompaña es el que me ha traído hasta aquí”, repite una y otra vez el defensa. Ese carácter ha quedado impregnado en multitud de imágenes inmortales: los dos goles que evitó ante el Real Madrid en la primera vuelta de esta temporada, lanzándose a la desesperada como felino a su presa (ver en: www.youtube.com/watch?v=qJwxXsfFSic); o el tanto que evitó con el pecho en el Barcelona-Lokomotiv de 2002, volando en una palomita inmortal digna del mejor capítulo de Oliver y Benji, cuando el delantero contrario se encontraba con la portería vacía ante sus pies (www.youtube.com/watch?v=MYakjviOOhQ).
A sus 32 años –los cumple dentro de una semana–, Puyol completa una de sus mejores temporadas, justo en el año en que peores perspectivas se avecinaban sobre él. “Está implacable”, dice Guardiola. “Lleva una temporada que parece que tenga veinte años”. Hace ocho meses, antes de renovar por tres años más, el de La Pobla de Segur expresó sus “dudas de naturaleza técnica”, como reconoció su representante, a Begiristain. “A Pep el jugador le gusta, pero en el centro desea a jugadores que sepan jugar bien el balón y es posible que prefiera a Márquez, Chygrynskiy o Piqué antes que a Puyol”, admitía Ramón Sostres, agente de Puyol, mientras negociaba la renovación.
El capitán veía que su lugar en el equipo ya no era tan seguro como antaño. Gracias a la polivalencia de la que ha hecho gala en su carrera –comenzó como delantero; pasó al extremo derecho; se reubicó en el lateral; y Antic le empujó a la zona central–, la temporada pasada jugó como comodín de una defensa castigada por los traumatismos. El 61% de los partidos los disputó como central; el 39%, como lateral, incluyendo las finales de Copa del Rey y Champions League. “En la semifinal contra el Chelsea jugó poco. Es el único capitán que no ha estado en un partido tan importante”, proseguía el agente del futbolista. El empecinamiento de Pep Guardiola en el fichaje de Chygrynskiy multiplicó sus vacilaciones. Sin embargo, a medida que éstas aumentaban, su rendimiento sobre el césped ha ido acrecentándose. “Puyol no se mueve. Y si tiene pensado moverse, que se olvide... Y jugará donde le diga yo. Y lo hará muy bien”, zanjó la discusión Guardiola.
Adiós a la Selección
Esas palabras de Pep preludiaron la renovación del Espartaco de la Liga hasta 2013, que ya sueña con “jugar hasta los 37”. En ese punto se encuentra su meta y para eso trabaja a destajo, sabiendo que su cuerpo es el único y solitario arma con y contra el que debe luchar. “Nunca vas a entrenar sin que tengas alguna molestia. Esto es lo más duro del fútbol”, afirma el capitán barcelonista, que a sus entrenamientos con el equipo suma dos sesiones particulares de pilates a la semana para “equilibrar la musculatura”. “Me va muy bien”, explica. Su próxima decisión afectará a la selección española. Tiene casi decidido dejar de jugar con ella cuando termine el Mundial para rebajar la carga de partidos. “Es algo que tengo en la cabeza”, apunta.
Esta noche el Barcelona entra en la etapa definitiva de la temporada. Hoy el Arsenal –sin su gran guerrero–; dentro de cuatro días, el Santiago Bernabéu. Instantes donde el cansancio no existe. Menos para un capitán que lidera a su equipo con la bandera del orgullo y la pasión: “Llega el momento más bonito para un futbolista. Ahora las semanas pasan volando”, subraya Puyol, que en el largo desierto gaspartiano, pensó “que nunca ganaría nada”. No ha ocurrido así. En su melena, cuyo flequillo se retoca con sumo mimo para que no le moleste en el fragor de la batalla –“¿no tienes dinero para cortarte el pelo?”, le dijo Van Gaal la primera vez que le vio–, ya colecciona un Mundial de clubes, dos Champions League, tres Ligas, una Copa del Rey –“siempre recordaré la final de Copa como uno de los días más felices de mi vida”, reconoce–, tres Supercopas de España, una de Europa y un 2-6 contra el Real Madrid que le había pronosticado un amigo minutos antes de aquel clásico, en el mismo hotel de concentración. “Estás loco”, le respondió Puyol. Hoy Puyol, aunque observe la batalla desde la grada, bajará al vestuario para dar el grito de guerra y orgullo que llene la fe de sus hombres. Aún desde la altura y la distancia del palco, liderará a su ejército azulgrana ante el Arsenal, como el rey Leónidas lo hiciera con sus 300 hombres contra los persas.


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