El capitalismo no entiende de rivales ni enemigos. Ni siquiera de cierta poética del pasado. Su última víctima es Lenin, el más exitoso líder revolucionario del siglo XX. Él fue el primero en convertir la utopía en realidad. Triste, bien es cierto. Pero realidad al fin y al cabo. Al menos, su faraónica obra soviética, retorcida hasta la tortura por sus sucesores, ha servido para que del guindo comunista se cayeran muchos que hoy reniegan de ese árbol. Bienaventurados sean ellos.A lo que iba, que empiezo a hablar de arboledas y me pierdo por sus ramas. Al parecer, la localidad de Voronezh, a 500 km al suroeste de Moscú (abajo a la izquierda, para los que tengan mucho que pensar), han decidido subastar la estatua que conmemora a Lenin y que preside una de sus plazas. ¡Lenin con una etiqueta de precio en su bolsillo! ¡A dónde hemos llegado ya! El hombre que más combatió el capitalismo hoy se vende al mejor postor. Si Lenin levantara la cabeza... Bueno, mejor no. No vaya a ser que la liemos otra vez.
La culpa de tan parabólica venta la tiene la empresa que se encargaba de su conservación. La crisis la ha dejado casi tan pobre como el comunismo a sus trabajadores. Si es que cuando Lenin combatió el capitalismo, algo ya se olía. Sabía, no me digan cómo ni por qué, que las crisis del dinero le iban a dejar el bronce de su abrigo descuidado. Ya lo ven. Razón tenía el hombre.
No os perdáis la fantástica crónica sobre este asunto de Daniel Utrilla, el corresponsal de El Mundo en Moscú.

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